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En
este documento se informó que en el Estado de Yucatán,
México, el suicidio se ubica principalmente en dos grupos
de edades: entre los 18 y los 25 años y por encima de los
60. “La relación entre la depresión y el suicidio
es más estrecha en ancianos que en pacientes de menor edades
y, aún más, si existe una enfermedad física
grave”, reza el estudio que añade que las auto-agresiones
deliberadas están también más relacionadas
con la depresión en ancianos y deben ser particularmente
tomadas en serio debido al alto riesgo de llegar a un suicidio
consumado.
El programa sugiere explorar la presencia de la depresión
en los ancianos analizando si se presentan algunos de los siguientes
síntomas: sensación de sentirse indefenso y a merced
de los demás; desesperanza; sentimientos de culpa; dificultad
o incapacidad para disfrutar; cualquier gesto de autoagresión;
comienzo reciente de abuso de alcohol; marcado desinterés
por el medio; quejas frecuentes sobre molestias físicas
diversas; ideas de muerte; y amenazas de suicidio.
“Las particulares circunstancias del anciano en una cultura
como la nuestra centrada en el Tener por encima del Ser, los pone
en una posición vulnerable. En nuestra cultura, a diferencia
de otras, el anciano es considerado “material de desecho”,
ya no es útil de acuerdo a los criterios comerciales que
rigen nuestra vida”, añade el informe.
Por ello es imperativo dejar de pensar que la depresión
y las ideas suicidas son “cosas normales” de los ancianos,
la cuestión no es tanto la cantidad de años, sino
la calidad de vida de quienes se encuentran en esta etapa de su
existencia.
No importa qué edad se tiene, no importa el número
de años, todos, sin excepción, merecemos una mejor
calidad de vida.
“Si cerca de usted se encuentra un anciano que por más
de dos semanas ha estado presentado cinco o más de los
siguientes síntomas, podría estar deprimido. En
este caso, la valoración del riesgo suicida podría
salvar una vida”, añade el informe.
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