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Playa del Carmen a 28 de febrero, 2007.- Tengo
la obligación moral de poner unas notas oscuras en torno
a la fiebre golfista que atraviesa el destino... y es que no yo
creo que hay motivos más profundos para seguir fomentando
la construcción de Campos de Golf por todo el CAribe Mexicano
y me permito lanzar al aire la posibilidad de que no esté
tan enfocado al turismo sino, más bien, al incremento del
valor de los bienes raices que de porsi, ya está por los
cielos.
La
razón es muy simple. Nací en un, antaño pueblito,
hoy gran ciudad colindante con el Distrito Federal, nada más
y nada menos que Atizapán de Zaragoza que en los tiempos
en que yo habitaba por aquellos lares se preciaba de ser el municipio
en todo el país que poseía dentro de su territorio
más campos de golf que cualquiera. En total eran cinco...
pocos si vemos la decena de campos de golf que pronto habrá
en Solidaridad... y recuerdo con mucha simpatía la gran controversia
que se sucitó cuando el entonces presidente municipal Carlos
Madrazo dejó vislumbrar la posibilidad de contruir un Campo
de Golf "Para pobres" en terrenos del Relleno Sanitario.
Esto
sale a colación, porque a pesar del dato que les acabo de
mencionar, no recuerdo haber visto a un sólo turista llegar
a Atizapán de Zaragoza para jugar golf, ni nacional y extranjero.
Recuerdo los torneos de golf, que se ocurrían, alguno que
otro Abierto Mexicano, que por muy concurridos que fueran, nunca
tuvieron mucho público. Yo se que probablemente no se puede
comparar Atizapán con la Riviera Maya, pero mi duda es ¿A
que grado influirá un campo de golf de más o de menos
en la afluencia de visitantes en el destino?
Mi
buen amigo Rudy García, del Miami Herald, me comentó
que si lograramos atraer a un millón de los cuarenta turistas
de golf que hay en el mundo, sería algo muy bueno para el
turismo, pero aún así, y poniendome mi camiseta verde,
que por cierto, siempre traigo a la mano, nuevamente me sale a la
mente el factor de la conservación de los recursos, del turismo
sustentable.
La
extensión de un campo de golf puede ser de 40 o 50 hectáreas,
llo que representa amplias extensiones de terreno natural, pero
la ubicación de un campo de golf no solo se asocia con el
deporte sino también con nuevos proyectos urbanísticos.
Las promotoras están apostando por residencias cercanas a
un campo de golf, que pueden encarecer una vivienda entre un 15%
y un 20%, sobre todo si están próximos a una zona
costera.
El impacto más importante de los campos de golf en lo general,
es su consumo hídrico, según datos de Green Peace
pues cada hectárea necesita unos 2 mil metros cúblicos
de agua al día lo que representa que en un año un
campo de golf utiliza la cantidad suficiente de agua para abastecer
una población de unos 12 mil habitantes durante todo un año.
Pero, además, contaminan el suelo por el uso generalizado
de agentes biocidas para mantener la belleza de los "greens":
herbicidas, fungicidas, acaricidas, y otros productos químicos.
Las aguas de riego y las lluvias lavan estas sustancias tóxicas,
que acaban en las capas inferiores del terreno provocando pérdida
de biodiversidad y contaminación de los acuíferos.
Es
un tema trillado... pero no puedo dejar de pensar en quien será
el más beneficiado con este boom golfista: ¿el destino
o los desarrolladores? Estos últimos provenientes en su mayoría
de otros lugares del mundo... y que seguramente, ya se habrán
ido con su lanita cuando los problemas ecológicos salgan
a flote, porque, al fin y al cabo, cuando el gringuito que compró
en 4 millones de dólares su casa en la orilla del rio de
Mayakoba tenga que sellar las ventanas por que el río viene
contaminado el desarrollador seguramente ya habra entregado el fraccionamiento
al Ayuntamiento y estara disfrutando de sus ganancias en algún
lugar del Mediterraneo.
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