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Playa del Carmen a 5 de febrero, 2007.- Eran las
10 de la noche y mi novio yo tuvimos que tomar un taxi para alcanzar
la función en Plaza Pelícanos. Los dos somos muy conversadores
y las obras que se realizan en la Avenida Constituyentes que hicieron
que el taxista tuviera que dar la vuelta, primero por la Primera
Avenida Norte para agarrar después la calle 10, nos dio buen
tema de conversación.
El taxista recién llegado del DF con su familia, era muy
simpático. La platica nos lleva de aquí a allá
hasta el momento en el que en medio de los temas vanos y superfluos,
nos comenta, como no queriendo que fue “recortado” de
la Corona donde se desempeñaba nada más que de Gerente
de Calidad… “¡Ah jijo!” She dijo, “de
taxista, alguien que participó en las certificaciones ISO
chorromil e Hizo no-sé-qué en una de las empresas
más grandes de México de taxista en mi ciudad. Eso
si es Calidad en el Servicio”… y claro que se notó,
el servicio fue estupendo, y nosotros llegamos muy a tiempo para
disfrutar de “Fuera del Cielo”… El caso es que
el otro día esta anécdota me vino a la cabeza cuando
un buen amigo nos comentó que el servicio en Playa ya no
era el mismo que hace tiempo y como prueba nos narró una
reciente experiencia.
Había estado buscando un lugar para comer, así que
optó por la concurridísma Quinta Avenida. Su peregrinar
inició al parecer en el Restaurante Japones de la calle 24
entre 5ta y 10ma, donde, al parecer, su facha de nacionales no agradó
lo suficiente a los empleados del lugar que se hicieron de la vista
gorda y decidieron seguir chismeando en lugar de traerles la carta…
De ahí, mi amigo y su amigo decidieron mudarse al Sol Food,
ese restaurante que se localiza a media cuadra de distancia, pero
al parecer, la política de “no atiendas al morenito”
también había sido adoptada, por lo que mi cuate tuvo
que migrar. Se detuvo en el Mystic donde al fin pudo disfrutar de
un rico cafecito y de una buena atención… Pero aún
tenía hambre y las baguettes que le ofrecieron no eran suficientes
para saciar su hambre, así que se arriesgó a salir
a la Quinta otra vez y optó por un pequeño pero lindo
restaurante a media cuadra de distancia. Nunca había comido
ahí pero fue bien atendido y bien servido, “como antes”,
dijo, rememorando el trato familiar de pueblito que uno podía
encontrar por aquí hace años…
Yo puse sus comentarios a un lado, y pensé que era mala suerte…
hasta este fin de semana. La verdad, hace un rato que no salía
a desayunar fuera de casa con mi novio, así que lo intentamos
una vez más. Escogimos el ya probado saborcito de La Fé,
yo opté por mis tradicionales sincronizadas mientras mi novio
eligió una bagel de jamón y queso. Cuál fue
nuestra sorpresa cuando llegaron nuestros platos sin cubiertos,
el café vertido sobre la taza, la bagel de mi novio totalmente
desangelada en un plato semivacío y tuvimos que ir a la barra
a pedir los jugos que se incluían en nuestro paquete…
Mmmm… Quizá mi amigo tenía razón.
Hoy regreso de Puerto Morelos, donde un mesero en el Restaurante
Hola Asia me hizo recordar los viejos tiempos. Cuando los meseros
saludaban, parecían interesados en conocerte, te sugerían
si te veían en problemas con la carta y sabían su
bussiness: Hacer sentir cómodo al visitante. La cuenta no
salió barata, pero poder disfrutar de la paz del pueblito
desde un lugar donde literalmente te sentiste “como en tu
casa”, valió la pena…
Me acordé del taxista y no pude más que pensar en
buscarlo….quizás sería un buen bussiness abrir
un negocio de asesoría en la Calidad en el Servicio…
que aunque me de tristeza decirlo, buena falta le hace a muchos
lugares en Playa.
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