| Cuando
Moisés recibió el decálogo que incluía
la prohibición de hablar falsamente, estaban muy lejanos
los días del tercer milenio posterior al sacrificio de Cristo,
como también era impensado un nuevo continente y una humanidad
que por naturaleza es proclive a la falsedad. Los políticos
del mundo global, fingidamente civilizado, se conducen con engaño,
empezando por asumir que son expertos en el arte referente al gobierno
de los estados y en realidad ni entienden lo que es La Política
entronizados como están en su liderazgo supuestamente democrático,
aunque pleno de equívocos e inexactitudes. ¿Dónde
están los signos de arrepentimiento de los artífices
del cambio ante la evidencia de su cauda de falsas promesas? Los
bancos son quizá una de las estructuras maestras del embuste,
sobre todo porque nadie les obliga a informar sobre sus utilidades,
la forma de obtenerlas y gastarlas, amén de ser una entidad
verdaderamente protegida al margen de lo que serían las obligaciones
mínimas de toda persona jurídica; y por el contrario
pareciera que la legislación creada para normar la vida de
las empresas considera a dichas instituciones como una excepción,
en donde se admite toda suerte de tratos especiales. Y que decir
de las compañías aseguradoras, cuyos clausulados ocultos
tendientes a jamás pagar, les convierte en los mas depurados
artífices de la patraña.
Quienes buscan
trabajo pidiéndole a Dios no encontrar, tampoco se salvarían
del juicio divino aun cuando aleguen no ser del todo responsables.
¿Cuántos licenciados, médicos o ingenieros
han pasado por infinidad de empresas y oficinas públicas,
asegurando cierto grado de conocimiento y determinado nivel en el
dominio de materias certificadas por instituciones académicas
de mucho crédito, que a la hora de enfrentarse a la cruda
realidad de un ejercicio profesional pragmático, resultan
incapaces de cumplir las más simples funciones? Los celebres
“planeadores” de empresas y programas sociales –no
porque sean expertos en planificación sino por hablar mucho,
planear muy alto y nunca aterrizar- de todos los calibres y tamaños
son un icono del embuste en este México lindo y querido,
que con cada cambio de gobierno se encumbran por el solo hecho de
ser amigos del poderoso en turno. ¿No considera un buen ejercicio
el documentar cuantos ilusionistas de las relaciones públicas,
consultoría, estadísticas, publicidad y hasta altruismo
nos toman el pelo cada día de todos los años? En el
más puro estilo nazi, los medios de comunicación son
quizá los más grandes impostores. Hipotéticamente
ellos están ahí para informarnos de la realidad del
mundo, la ciencia, el espectáculo, la cultura; aunque la
supuesta información que nos recetan sea pura interpretación
fantasiosa, cuando no facciosa de la verdad. ¿En que edifica
difundir los falsos aplausos entre el partido en el poder y su correligionario
en la presidencia? ¿Quién taza el límite entre
lo verdadero y lo inexacto del actuar de organismos internacionales
cuyo cinismo encubre las mayores atrocidades bélicas y xenófobas?
¿Hasta donde llega el fingimiento de los grupos –públicos
y privados- involucrados en juegos, sorteos y apuestas?
El
asunto de la mentira en el mexicano fue magistralmente señalado
por Chava Flores ¿A qué le tiras cuando sueñas
…..? Cantamos todos sin el menor sentimiento de culpa. Miente
el usuario de los servicios de salud, cuando la trabajadora social
le pregunta sobre su situación socioeconómica; engaña
quien solicita un crédito –al fin que también
el otorgante de éste le está ocultando las reglas
del juego; explica los detalles de un fingido accidente, el taimado
obrero faltista y aduce malos tratos la esposa que urgida por un
divorcio encuentra en leyes de coyuntura el camino más fácil
para deshacerse del marido desempleado. No cabe duda, somos un pueblo
al que Dios ama demasiado, si se decidiera a aplicar las sanciones
vinculadas a la mentira quedarían muy pocos con-ciudadanos.
30
de abril, 2007
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