| Los
mortales sin poderes de adivinación, para anticipar el lugar
que en la macroeconomía tendrá nuestro país
dentro de 40 años sufrimos indefensos las consecuencias de
un alza generalizada de precios y la consecuente disminución
del poder adquisitivo de los ingresos. Hace 13 años el directivo
francés de una empresa coreana me dijo “México
es un país más caro que muchos europeos e incluso
que Estados Unidos” Mis datos duros y nacionalistas comprando
costos de luz, gasolina, rentas, alimentos, ropa, educación,
seguridad social etc. se fueron por la borda, cuando él hizo
una sumatoria de los “indirectos” ineludibles para todo
mortal –mexicano o extranjero- residente de la otrora orgullosa
Anáhuac. La luz sí era –hace mas de una década-
más barata, pero “los picos de corriente te obligan
a poner protección a todos tus aparatos domésticos
y en caso de daño la compañía no te lo paga”
El despachador de gasolina, te roba litros y te exige propina. La
seguridad de tu vehículo depende en mucho de lo que le des
al cuidador de la calle. Si te ponen la araña como resultado
del mal funcionamiento del sistema tragamonedas en la acera donde
estacionaste tu coche, no tienes instancia alguna para reclamar
ni hay nadie que te pague las horas hombre gastadas para poner en
circulación el vehículo. Y que decir del burócrata
que te pasa un papelito para pedir 500 pesos por el trámite
de una certificación de Tesorería que legalmente pagaste
en 90 y que te entrega ocho días antes de vencimiento aun
cuando la solicitaste dos meses antes.
Cualquier trámite
oficial representa para el ciudadano un costo sin posibilidad de
comprobación para efectos impositivos, sobre todo en los
últimos años en que desde las más altas esferas
hasta el empleado de ventanilla eluden tomar decisiones ante el
temor de ser perseguidos por contralorías e instancias de
toda índole, movidas por la intención de justificar
una supuesta transparencia traducida en inmovilidad administrativa.
Si a esto le agregamos autoridades desconocedoras de su función,
una legislación caótica y contradictoria, el temor
a ser despedido o descalificado, una sociedad carente de civismo
y atrapada en la confrontación y la exclusión o el
obvio desinterés en las personas; sin lugar a dudas somos
un país muy, pero muy caro. ¿Cuál sería
la diferencia del programa de persecución delincuencial anunciado
por la presidencia, si éste tuviera como razón la
protección ciudadana y no la atracción de capitales
como explicó el señor Calderón en Suiza? ¿Qué
haces frente al comerciante, prestador de servicios -médico,
contador o abogado- que a la hora del pago te sorprende con un sobreprecio
de 15% si le pides factura? ¿Qué autoridad te ampara
ante esta noticia no anunciada cuando inocentemente supusiste que
el IVA estaba considerado? ¿Ante quien te quejas o como compruebas
el gasto, cuando el policía de barrio, el empleado responsable
de desazolvar el drenaje, recolectar la basura o cambiar la luminaria
de la calle, pasa a solicitarte una cuota adicional a los impuestos
que pagas para hacer el trabajo que se paga precisamente con esa
contribución oficial?
Sexenalmente
se anuncian programas de simplificación administrativa, lucha
contra la corrupción, promoción del empleo, disminución
de la pobreza y equidad en el reparto de la riqueza; y también
cada seis años, el ciudadano común, el excluido de
las utilidades bancarias, el desempleado por los recortes de transnacionales
y gobiernos alternantes sufre los altos costos de la vida sobre
todo aquellos marginales de las estadísticas macro-económicas.
Si el producto más caro es aquel que no se encuentran el
mercado ¿será la carencia de habilidad y experiencia
en el manejo de lo público lo que eleva el precio de los
bienes básicos en México? Más allá de
los datos duros señalando el aumento del costo de vida, en
ciudades como la de México o Monterrey –algunos hablan
de que estas son las más caras de América Latina-
cualquier ciudadano sabe que para vivir medianamente hay que desembolsar
mucho dinero en rubros “ocultos” derivados en la mayoría
de los casos de la incompetencia y la corrupción. ¿Será
por eso que los mexicanos más valiosos de plano están
emigrando?
29 de enero, 2007
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