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En
Opinión
de Lilia Cisneros
Los
Colmos
www.cocuac.org.mx
En el infinito de posibilidades derivadas de la estupidez, está
la perversión del vocablo politizar -de carácter político-
confundido a resultas de la escasa cultura general y lingüística
de funcionarios del sector público así como de comentaristas
de medios, con el hablar de cuestiones políticas sin necesidad
o capacidad para ello. En la era de los politicastros la fórmula
super poderosa para inhibir cualquier tipo de opinión –fundada
o no- es el señalamiento, excitativa o acusación de: estar
politizando los asuntos. Hay de aquel que caiga en el tribunal inquisitorial
acusado de politizar, pues entre esto y la fascinación a ultranza
por lo transparente -cuerpo que se deja atravesar por la luz- se llega
a absurdos como el señalado por una empleada de confianza en alguna
de las oficinas de este manoseado país. Es el caso, que funcionarios
del IFE recorren las oficinas públicas para advertir –ellos hablan
de capacitación- acerca de los actos que pudieran ser constitutivos
de delitos electorales, entre los que señalan el portar en su coche
privado la calcomanía de algún candidato, lo cual se convierte,
cuando menos en impedimento para ingresar al estacionamiento de la oficina
pública de marras; a lo cual la inteligente mexicana preguntó
que dado que su marido era militante en activo de un partido, deseaba
saber si podía seguir cohabitando con él o debía
esperarse hasta pasado el 2 de julio.
Así son lo extremos de la ignorancia que sustenta en la fe, el
engaño y las consecuentes crisis nerviosas y quebrantos de salud
a familiares de mineros que no tenían la más mínima
posibilidad de sobrevivir a una explosión generadora de 600 grados
centígrados y cuando menos tres atmósferas de presión,
sobre sus endebles y explotados cuerpos. ¿A que obedeció
el despliegue amarillista del tema? ¿Qué pasó con
los pederastas y los derechos humanos de los periodistas? ¿Con
este eslabón de minería se habrá logrado distraer
al pueblo sobre los temas importantes de la nación? ¿Qué
tanto rating tendrá el capítulo del gobernador precioso
electo –les guste o no- al igual que Evo morales o Fox, por una mayoría
del pueblo? ¿Porqué nadie hizo una reflexión histórica
de las huelgas de Cananea y Río Blanco, como detonadores de la
revolución que nos sustentó como país de vanguardia
en materia de derechos sociales? Sorprende que los comentaristas de medios,
convertidos por la magia de las ondas hertzianas en todólogos,
no hayan aprovechado para hacer otra reflexión sobre la democracia
en México ¿Tienen dificultades para ocultar el hecho de
que una de las causas del movimiento en contra de la dictadura porfirista
lo fue justamente las condiciones infrahumanas no solo de los jornaleros
del campo sino de los mineros?.
Desde la importante tribuna del ciudadano, hay quienes urgen a alguna
instancia pensante para elaborar un glosario de términos y todo
un cuerpo conceptual de lo que se ha inventado a partir del año
2000, ya que es difícil entender lo que significa a los politicastros
del hoy por ejemplo oposición ¿a qué, sí todos
–azules, verdes, amarillo y tricolores- están en el poder? Si en
estricto sentido desde los niños verdes hasta los viejos dinosaurios,
pasando por los émulos de Pancho Villa sin caballo o Pedro infante
sin guitarra, con su séquito de campaneros asegurando que al llegar
a la presidencia sacarán toda la basura de las casas; tienen un
pedazo del pastel a lo único que aspiran es estorbar al otro para
quedarse con una mayor parte. Todos han tenido la oportunidad de, usar,
ajar y hasta dejar para los leones a las leyes, el Estado de Derecho,
el lenguaje y la patria, sin darse cuenta de sus amplias limitaciones
ya no digamos para lograr una porción más grande frente
a sus competidores, sino lo que es más importante para articular
un marco conceptual que beneficie aunque sea poquito a aquellos que pagan,
sus campañas, sus altos sueldos y hasta su estupidez. ¿A
que nueva advertencia me estoy arriesgando por politizar el asunto?
/Esta
columna fue publicada en EL DIA el día 27 de febrero, 2006.
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Opiniones
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Los colmos
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