| El
asunto del precio de la tortilla, con todo respeto a los agoreros
del simplismo reductor del tema a la culpabilidad de los malos intermediarios,
es apenas la punta de iceberg de una perversa política económica
a la cual dos países en el mundo se sometieron de forma incondicional:
Argentina y México. Muchos han sido quienes advirtieron la
poca viabilidad del país, sin maíz. Ahí están
como documentos reducidos a la academia, las cifras de lo que antes
exportábamos –no sólo de este grano sino de
azúcar y muchos otros alimentos básicos- garantizando
de alguna manera nuestra soberanía alimentaria. De forma
machacona, se pretende crear cortinas de humo para evitar al pueblo
conservar la conciencia de lo que por derecho le pertenece, en términos
de cultura, propiedad del espacio aéreo y las ondas electromagnéticas
que por él mismo se envían; energéticos, productividad
agrícola, industrial, comercial, minera y reparto equitativo
del PIB, que hoy por hoy se gasta en el pago de deuda externa e
interna, impuestas a la gente en beneficio de unos pocos y detrimento
del desarrollo social básico de las mayorías.
Para aumentar
la desgracia del país, los perpetuos fouchés detrás
del poder visible -encarnado en presidentes, gobernadores, munícipes
y todo lo que se le parezca- aprovechan la ignorancia de éstos
últimos, para permitir la continuidad de su bien orquestado
plan de acaparamiento y destrucción, colocando -por citar
los ejemplos más representativos- a un tránsfuga del
PRI recientemente ocupado de aspectos policiacos, como responsable
de otorgar seguridad social a los servidores del Estado. ¿Sabía
Usted, que hoy hospitales generales y de especialidades del ISSSTE
no surten medicamentos? Imagine la situación de alguien afectado
por las secuelas de una cirugía coronaria, que moriría
si deja de tomar un solo día el medicamento con un costo
de seiscientos pesos en el mercado libre. Hoy con su receta debe
ir a su clínica familiar, donde después de llenar
sendos formularios, los envía a la delegación de zona
para que ésta la devuelta a dicha clínica dirigida
a nombre del paciente. Sí el paciente no ha fallecido en
el curso de estas semanas o meses de espera antes del medicamento,
deberá repetir la operación de "transparencia"
tantas veces como recetas le suscriba el especialista. Y mientras
los mandatarios aprenden, las facturas se cobran, pasando por aberraciones
como ver ocupar las oficinas de seguridad nacional o empresas de
alta especialidad –PEMEX-, a los encuestadores estrellas encargados
de construir el triunfo democrático.
Con
todo y las afirmaciones del poder eclesiástico cuyo vocero
en conferencia dominical, taciturnamente afirma no se colapsará
el país por el precio de la tortilla; las ricas famiglias
mexicanas, encargadas de presionar por el vil camino de la amenaza
para una reforma energética y fiscal a su medida, tendrán
que enfrentar la desesperación de familiares apenas ayer
reprimidos en Oaxaca por exigir la liberación de sus presos
políticos. Ni la denuncia fabricada ni la generalización
de un sistema eminentemente punitivo, evitarán la organización
de la clase medida depauperada pero no extinta y sí cansada
de la exclusión. De poco servirán los disfraces, si
los auténticos militares educados en una filosofía
patriótica, renuncian a ser convertidos en policías
y cómplices de una flagrante violación a al constitución,
a cambio de platos de lentejas que todavía hoy no se han
servido. Como tampoco ayudarán en nada declaraciones supuestamente
sensatas como la de abrir la frontera a importaciones de todo el
orbe sin muchas condicionantes arancelarias. ¿Por qué
insultan la inteligencia del pueblo? Ningún país ha
producido hoy el tonelaje que dijeron podía importarse para
abatir el costo de la tortilla ¿Será esta otra de
las genialidades propagandísticas para adelantar la apertura
incondicional prevista por el TLC, para los alimentos? ¿Qué
gana México, con la tan llevada y traída reforma energética?
Además de contribuir a la agonía del planeta, ¿algún
sector popular tuvo beneficios por los extraordinarios precios del
crudo? ¿Dónde estuvieron aplicados socialmente esos
excedentes? ¿Por qué no se usaron como incentivo para
producir maíz?
15 de enero, 2007
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