| México
y particularmente su ciudad capital, se encuentra totalmente desarrapado,
inerme frente a los problemas de una modernidad carente de fórmulas
ni soluciones para los problemas que ha generado. Cabezas sin cuerpos
a los que pertenecieron, entierros clandestinos –simplistamente
calificados de “narcofosas” asesinatos –ya no
sólo de mujeres, como si la consigna fuera, borrar de la
mente colectiva el tema del género- perversión de
toda índole en contra de la infancia llenando los tiempos
de noticias, robos, secuestros, mentiras y más mentiras;
sin que la organización política, social, ni económica
puedan combatir un status quo peor que las plagas de la antigüedad.
Los centros urbanos de este país se están convirtiendo
en sitios inhabitables o cuando menos inadecuados para la convivencia
humana. Cada día los ciudadanos se percatan más de
lo endeble de las instituciones; murallas de protección con
las que se contaba en el pasado son puestas a prueba a cada instante
en detrimento de la seguridad nacional. ¿Qué mayor
protección ha tenido la sociedad a lo largo de su historia
que el correcto actuar de sus jueces? ¿Cómo impacta
el saber que ellos se sienten inseguros y demandan protección
para sí y sus familias? ¿Qué mensaje nos envían
los responsables de La Política al realizar simultáneamente
una ceremonia luctuosa y el ingreso de nuevos juzgadores en uno
de los estados más importantes la república?
Una de las sensaciones de mayor vulnerabilidad del ser humano es
justamente la desnudez. Los nazis dejaban sin vestido a sus enemigos
para interrogarlos, en la historia de la tortura universal desarropar
a mujeres, niños o adultos ha sido una de las prácticas
más significativas de la degradación y en términos
sociales, despojar de lo que le viste a una calle, una colonia,
una ciudad y un país es igualmente agresivo. Semanas atrás
en la ciudad de México, en medio de los montones de basura
abandonados por el comercio ambulante, en plena calzada de Tlalpan
ennegrecida por la contaminación y el lodo, una mujer con
avanzado embarazo completamente desnuda, deambulaba bajo los puentes
y subía por las desaliñadas escaleras peatonales.
¿Por qué nadie detuvo su marcha para abrigarla? ¿Se
preguntó alguno de los ciudadanos, qué la llevó
a esa situación extrema? ¿Cuántos seres humanos
más se sumarán a la obesa y famosa mujer de Culiacán
que a determinadas horas del día se pasea por las calles
del mercado, en igualdad de condiciones? ¿En cuantos estados
más veremos sombras humanas como las dos que recorren la
zona yaqui –entre Obregón y Guaymas- cuya desnudez
se ve con naturalidad resaltando en una manifestación extrema
de atrocidad, la barba blanca y larga de esos mexicanos?
Son muchas las palabras dichas irresponsablemente las que han causado
un tremendo impacto de deshumanización y enojo en la conciencia
y la existencia de la nación y; no nos equivoquemos no es
el cállate chachalaca, la fórmula para evitar este
deterioro; pero los auténticos nacionalistas sí estamos
ansiosos del verbo expresado, sino con sabiduría cuando menos
con el mínimo de prudencia y sentido común. Por lo
pronto el ungido presidente electo, debe percibir que después
de tanto esfuerzo personal, por la simple declaración ha
dejado de ser el Licenciado Felipe Calderón, para convertirse
en Don –de origen noble- Felipe. ¿Qué hará
Don Felipe ahora que su correligionario bajó la cortina,
aun cuando es notorio que la propaganda sigue fluyendo a costa del
dinero del cual carecen la mayoría de los mexicanos? ¿La
felicidad de este pueblo por su cacareado progreso económico
también está en suspenso? ¿Es sólo el
rey el que deambula desnudo o todo su pueblo se arropa con marchas,
cadenas humanas por la paz y plantones de famélicos cuerpos
desvestidos?
11 de septiembre, 2006
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