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con el discurso de los indocumentados -perversamente apoyado por
los minute man vinculados en gran medida con grupos neo nazis de
Norteamérica- y luego para la supuesta protección
de ataques terroristas en territorio estadounidense, la versión
del siglo XXI del muro que dividió a Berlín, ha dejado
de ser proyecto en la frontera Norte de México. De nada valieron
los grises reclamos diplomáticos, ni las casi cien mil referencias
que el buscador google, almacena en su página, refiriendo
a dicho proyecto como: una idiotez –Bill Richardson, Gobernador
de Nuevo México- precursor de un daño al medio ambiente
–infinidad de organismos ecologistas- de dudosa efectividad
–OEA- no idóneo para solucionar la migración
ilegal –cientos de funcionarios y líderes de organismos
nacionales e internacionales- y atentatorio de los derechos humanos
fundamentales. Para el señor Bush y su hasta hoy mayoría
republicana, ¡el muro va! y con él las facultades plenipotenciarias
para encarcelar a todo aquel considerado por su apariencia o la
ficha policiaca que se le haya elaborado, enemigo del imperio.
Pero con todo y el desprecio evidente a un vecino robado hace dos
siglos y humillado de entonces a la fecha, este asunto del muro
podría convertirse en el fracaso de uno de los programas
sustantivos del país que pretende erigirse como dueño
del planeta y rector de la futura guerra de las galaxias; porque
hoy, a escasas semanas de la renovación de sus cámaras,
el programa alimentario diseñado no para salvar gente del
hambre, sino para el dominio mundial, se está pudriendo por
la ausencia de mano de obra migrante. La carencia de una fuerza
laboral local negada a retomar las actividades primarias, sumada
a un desarrollo tecnológico capaz de reproducir ambientes
y potenciar los frutos del trabajo agrícola y pecuario, a
partir de la manipulación genética y el uso de toda
suerte de pesticidas y hormonas, está poniendo en jaque a
los verdaderos poderosos de los Estados Unidos de América.
Más de una transnacional vinculada con la industria alimentaria,
empieza a sumarse al rechazo y así lo han expresado diversas
cámaras de comercio en ambos lados de la frontera. No son
poca cosa los grandes sectores de la población norteamericana
y canadiense dependientes de la capacidad de producción y
el buen manejo de ese rubro y con todo y los millones de dólares
que el gobierno norteamericano ha gastado en periodistas poco éticos,
la medida se mira impopular, según evidenciaron los legisladores
canadienses en el pasado encuentro trilateral promovido por México
a propósito de revisar el tan cuestionado TLC
Para efectos locales lo sorprendente es la tibieza de nuestro gobierno,
al que le han ganado la partida incluso jerarcas de la iglesia invitando
a un "boicot comercial contra Estados Unidos, para evitar la
construcción del muro" según declaraciones del
obispo católico de ciudad Juárez, hasta analistas
y autoridades norteamericanas que ven con claridad la ruina comercial
en puerta, frente a la miope visión de México que
sólo apunta el peligro por la disminución de remesas.
Perdido entre las notas que destacan la apropiación de prácticamente
todo el estado de Baja California, por desarrolladores inmobiliarios
como el millonario Trump, quedan las declaraciones de un diputado
priísta quien advierte de la inminente creación de
una serie de embudos de población, pero sin salida. “El
muro va poner en una grave situación la economía de
millones de familias que viven de las remesas y también provocará
una mayor desunión de las familias de emigrantes, ya que
serán más difíciles y caros los cruces",
señaló un diputado por Hidalgo; nada de la vida social
y cultural del país, inundado de vestidos de princesas y
disfraces de super héroes. Ni una palabra de la industria
del rebozo que agoniza, ni una sola reflexión sobre la importación
del maíz que antes exportábamos y más allá
de los pequeños círculos cuasi subversivos, nadie
absolutamente nadie, sale en defensa de los productores de café,
azúcar, sorgo, algodón, jitomate, piña, mango
o aguacate.
Tanto el gobernador de Nuevo México, calificando el muro
como "un símbolo político muy malo, muy feo y
muy negativo" como algunas voces aisladas en la LX legislatura
coinciden en urgir al presidente Fox y a su sucesor, Felipe Calderón,
para empezar a diseñar una estrategia de Estado que revierta
los efectos sociales, económicos y labores de los próximos
meses. La receta no es nada del otro mundo, apoyar a nuestro campo,
forzar a los archi ricos de esta nación a crear empleos,
actuar con mano firme en materia de distribución del ingreso,
fortalecer el mercado interno, en suma trabajar para el pueblo que
los eligió y no para los capitalistas globales.
09 de octubre, 2006
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